Prometeo robó el fuego a los dioses. Así se convirtió en el primer benefactor de los hombres, lo que le acarreó el eterno y cruel castigo divino.
Piero di Cosimo pintó, en los albores del Renacimiento, a los hombres primitivos en su búsqueda del fuego. Su paisaje extraño, impregnado de cierta melancolía, y la gracia misteriosa de estos seres, hacen pensar que él, más que los otros artistas de su época, conocían los misterios de los seres lejanos.
El Mensajero de la luz transporta nuestra mirada a aquellos seres que buscaban la luz. La Edad de las Luces, como la definieron los creadores de la modernidad.
En El túnel la luz ilumina la densa oscuridad. La cabeza es también la portadora de la luz.
El enigma sucumbe ante la luz y es transformado en una lámpara desde la cabeza.
Jose Rosales trabaja en esta sala con una obra nueva y sorprendente. Tras los cuadros, las pantallas de los monitores emiten una luz discontinua, transformada en imágenes que apenas entrevemos.
La luz está en la cabeza. Los cuadros de la luz se iluminan tras las cabezas. Los ojos iluminan la mente. La mente ilumina la mirada.
La nueva tecnología convoca a Prometeo y lo une a nuestro tiempo.