Ahora que nadie mira, entro en el castillo. La llave enorme gira y la puerta se abre.
Un hombre elegante pasa delante de mí. Murmura para sí. Lo sigo. Su cara me es familiar, pero no recuerdo su nombre. Protesta, protesta. Dice algo acerca de los salones y de su tan abigarrado montaje. Él ha escrito algo, pero no sé el qué, acerca de sus amigos. Los defiende porque pintan de una manera diferente.
Cuando él desaparece, me quedo en el centro de este espacio. Hay una mezcla asombrosa, como si todos quisieran optar al premio anual. Mis ojos, ya que es lo único que se puede ver de mí, porque no encuentro el resto, al menos con esta luz, se quedan encantados con una Sirena. Es una sirena extraña, casi metamorfoseada en un pez. Parece una Dánae satisfecha después de recibir el oro de Júpiter. No se puede pedir más, parece afirmar desde su fondo marino.
Miro desde unas Ventanas. En una , una escena atrae mi atención. Lástima que no esté por aquí el amigo Marcel, al que le encantan estas obsesiones de voyeur. Seguro que abriría en ellas un hueco mínimo para encantarse en la escena apasionada. ¿Y qué decir de Magritte?. Seguro que se complacería en estos paisajes soñados e irreales que aparecen cortados por el vidrio.
Seres animados parecen surgir de esos cuadros donde hay retratos. En una isla, las espinas de la sardina de color rojo y oxidado atraen mi atención.
Hay que descansar un poco, y mis ojos se detienen en un paisaje lunar , mágico. Parece un pueblo dormido. Sobre él, la luna metálica flota. Es una luz apaciguada, íntima, la que mantiene el secreto de los seres que habitan este sueño. Cuando más relajados están mis ojos, descubro un estrépito inconcebible. El bebedor surge de las tinieblas y reclama la atención para sí.
Intento calmarlo, pero no puedo, pues sus ojos vidriosos no me miran a mí, sino a la sirena que le sonríe seductora. Y además, le canta.
El hombre que había pasado antes vuelve a salir. Su pelo escaso está alborotado. Está desconcertado. Acaba de descubrir que todos estos cuadros pertenecen al mismo autor.
Me escapo por la primera puerta que encuentro