SALOMÉ

(por Ángeles Alemán)

De nuevo, el mito

 Salome danza. En un espacio claustrofóbico, carente de aire, o quizá pesado por el aire denso, ejecuta la danza más perversa de la historia. La iluminación de la estancia es irreal. Solo las antorchas alumbran desde los muros.

Solo ella se mueve. Los demás miran. Solo hay ojos. Los ojos cegados por el deseo de Herodes, los ojos cómplices de Herodes, los ojos de los eunucos, de los hombres con rostros de vírgenes y de las vírgenes que parecen efebos, de los seres andróginos (1) que pueblan las irreales estancias de este palacio, iluminado por la luz de Moreau o por los curvos dibujos de Beardsley.

En la mazmorra esta Ionakaan, Juan, el que clama en el desierto, el lirio de pureza diseñado por Wilde-Beardsley. Es el objeto inalcanzable, deseado doblemente. Tanto que, una vez decapitado, la Salome deseosa quiere besar sus labios. La Salome maldita pero indestructible, (2)  la que articula como nadie la polaridad seducci6n-muerte.

Es imposible, en la estenografía que se articula en torno a esta mujer enloquecida de despecho y lucida en su venganza, imaginarse a Salome sin sus joyas, sin su vestido, sin esa luz tenue que solo ilumina la terrible visión del precursor.

Gustave Moreau entendió, antes que Wilde, este precepto. El, que afirmaba que "La naturaleza. ...es solo un pretexto”, concibió una marioneta para estudiar y plasmar su mecánico movimiento en un espacio teatral, cerrado, donde los objetos, incluido el tatuaje de uno de sus cuerpos, adquieren vida propia. Es en "La aparición", el cuadro mas importante de la serie que dedica a esta mujer legendaria, donde la iluminación, el movimiento de la salome - marioneta y la cabeza del Bautista aúnan, como en ninguna otra pintura, las características perseguidas de teatralidad y perversión exquisita. Fue este cuadro, tanto directamente como a través de Huysmans, el que impresiono vivamente a Oscar Wilde.

Oscar Wilde ya había escrito "El retrato de Dorian Gray" cuando decidió realizar un drama en un acto sobre la versión bíblica.1a obra fue escrita en francés para ser estrenada por Sarah Bernhardt. Pero los problemas con la censura impidieron su puesta en escena. Así que fue la versión publicada en Inglaterra un año mas tarde (3), ilustrada por Beardsley, que convierte a la danzarina oriental en una mujer de líneas duras, poseedora entre sus libros de "La filosofía en el tocador”, la que define el perfil de la femme fatale finisecular.

Esta figura, que marca el hito de la contemporaneidad en la mujer que articula su seducción, más conocida actualmente por el libro de Wilde-Beardsley y por las pinturas de Gustave Moreau que por otras interpretaciones, dio pie a numerosas obras artísticas aparte de las citadas. Su imagen supuso toda una revolución en la concepción de la belleza femenina. Su desnudez exuberante o delicada, según imaginaran unos u otros su perversa belleza, es su arma demoledora y total. Antes de Salome -de la Salome finisecular que convocamos en este articulo- hubo figuras insinuantes, perversas, mujeres que manejaban con poder sus encantos. Pero es en el fin de siglo cuando la revolución feminista, las nuevas teorías sexuales (4), el agotamiento de las formas, consolida el mito de la princesa judía. En Salome se encarna la más cruel de las femmes fatales: es la que desea y solo la muerte culmina su deseo. El delirio de la muerte por la muerte, sin las matizaciones políticas de Dalila o Judith, las otras imágenes bíblicas de la seducción, acota la diferencia entre ella y las demás.

Paradójicamente fueron los autores masculinos los fascinados por el nuevo mito, deseosos de ser devorados por esta nueva mantis religiosa. Obras literarias, musicales y plásticas se pusieron al servicio de una mujer casi longilínea, de aspecto delicado pero no frágil, deseosa de la cabeza del puro Juan, que extendió sus tentáculos en el mundo real, que sirvió para que mujeres como la Bella Otero alcanzaran una importancia sin precedentes en la sociedad, y que impuso, sin el final de muerte que tiene el mito, una revisión de la belleza femenina. (5)

El mito huye de la realidad. De ahí la importancia que la arquitectura o el vestido tienen en Salome, como estuches o pedestales que la aíslan del tiempo y la degradaci6n (6)

Dentro de ese mundo de los sueños, el mobiliario, las joyas el ropaje , ¿Qué poeta osaría, en la pintura del placer causado por una aparición, separar a la mujer de su vestido?" llego a afirmar mas que preguntar 2audelaire, han inspirado una exposición interesante por su planteamiento y su resolución:"EI ajuar de Salome" que viene a ser una lectura mas del mito, versión contemporánea en este caso, en la que la concepción de los diversos elementos que la forman son creados con la impronta ecléctica de nuestro fin de siglo.

Un ajuar elegante, preciso y precioso, como fueron los dibujos de Beardsley, limpio de lineas, sugerente, que precisa de artesanos más que de artistas.

Poco mas le hace falta a Salomé. Pocos metros de tela, pocos aditamentos excepto joyas, pocos personajes en la terraza del tetrarca que observan atónitos la danza seductora. Las joyas de Elena Rohner, el vestuario de Antonella Dioguardi, los muebles-candelabros de José Rosales, conforman este ajuar fantástico. Las joyas siempre fueron, para Salome, consustanciales a su cuerpo. Las que debían ser "obras mágicas con algo de diabólico en sus irisaciones, gemas misteriosas y enigmáticas, cuyo tono diríase robado a un cielo de aquelarre que iluminase una intensa luna" (7), se convierten, en manos de Elena Rohner, en joyas simples, casi austeras, casi minimal. Una concreci6n de líneas que realiza cuando "aprovecha esta revisión del mito de Salome y ..... fantasea con su figura caprichosa y fatal, fascinante y radicalmente femenina" (8) para crear unas joyas que por SU extrema sencillez puedan perdurar, al igual que el mito.

Antonella Dioguardi interpreta de manera un tanto púdica el vestido de Salomé, quizá inspirado en el que disefi6 Paul Poiret, pero resalta la seducci6n del personaje con una sandalia- joya y con una enorme fábula hecha para ver mas que para llevar. José Rosales es, en la exposici6n, el que mejor interpreta las armas de Salome, porque la elude. Convierte su obra no en la que desea, sino en los que desean yen el deseado.

Bajo el influjo del texto de San Mateo, al que prefiri6 acudir, recrea un mundo de candelabros y de ojos que plasman el ámbito seductor y al tiempo siniestro del Palacio de Herodes. Los ojos miran. Los ojos de Herodías y de Herodes, los eunucos convertidos en personajes de hierro forjado, tienen vida propia, como en los cuadros de Moreau. La cabeza de Juan aparece en medio de la luz, el aire que debería ocupar la danza de Salome queda en penumbra.

Salome vuelve a danzar en nuestro fin de milenio. A despecho de los siglos, continua vigente su fuerza inspiradora. Sólo antes de ordenar su ejecuci6n, sólo después de haberla visto besar la cabeza sin cuerpo del Bautista, Herodes se impregna de terror y ruega:

"Apagad las antorchas .Ocultad la luna. Ocultad las estrellas"

Ángeles Alemán.


 Notas:

1 "Los decadentistas articularon una visión de la sexualidad que rechazaba rigurosamente toda atribución convencional respecto al sexo", afirma Peter Wollen en Salome. Un mito contemporáneo, Ministerio de Cultura, Madrid, 1995  

2 Peter Wollen afirma "Salome es maldita pero indestructible", en opus cit. Pero se refiere a la indestructibilidad como mito, pues una vez besada la cabeza decapitada de Ionakaan, Herodes a su vez, desesperado ante el crimen que acaba de cometer a instancias de su hijastra, ordena su muerte  

3 En 1894  

4 Respecto a este tema.,13ram Dijkstra apunta que :"Krafft- Ebing had justified his coining of the word masochism after Sacher- Masochby contending that until the publication of Venus in furs "this perversion was quite unknown to the scientific world as such".Idols of perversity,p.393  

5 "Nunca como en la "Belle Époque" las mujeres acataron mas servilmente los dictámenes de la moda".Aunque esta afirmación de Lily Litvak en Erotismo fin de siglo se refiere a unas décadas mas tarde de los diseños de Beardsley y de las imágenes de Moreau, la Salome recreada por ellos y otros artistas adorna su cuerpo con mas devoción que de sus antecesoras, y marca la pauta a seguir por las mujeres modernas de los últimos años del S.XIX  

6 Patricia Molins hace esta afirmación en el texto "Salome. Un mito contemporáneo", en opus cit. del mismo titulo, p.20  

7 Lily Litvak en opus cit., p.162  

8 Texto de Elena Rohner y Bruno Galindo en El ajuar de Salome, CIC, Las Palmas de Gran Canaria, 1996  

 

 
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