TEMBLEQUE
PRODUCCIONES
Marcial
Sánchez Armas, doctor en Economía de la Universidad de Las
Palmas de Gran Canaria, y autor en 1992 de una investigación
prospectiva sobre las empresas de Economía Social en Canarias,
analiza para nuestros lectores algunos aspectos relacionados
con su situación y perspectivas.
En 1992, dirigió una ambiciosa investigación, promovida por
la Unión General de Trabaja-dores y destinada a dar a conocer
la situación empresarial de las más de 900 entidades inscritas,
entonces, en el Registro Regional de Cooperativas y Sociedades
Laborales.
En su opinión, ¿a qué cree que es debido que, una década
después, no se cuente aún con un sistema de información actualizado
sobre la composición y el funcionamiento de estas empresas?
Hay varios motivos. Por un lado, la inexistencia de un claro
apoyo institucional a las empresas de Economía Social (ES).
Aunque es preciso reconocer que el escaso asociacionismo del
sector ha propiciado que la demanda de ayudas a las administraciones
no haya desembocado en el merecido y, a la par, efectivo e
imprescindible reconocimiento que necesitan para llevar a
cabo todas las actividades. La información es un elemento
de incalculable valor en las entidades participativas, al
igual que en cualquier otra fórmula empresarial; sin embargo,
la verdad es que la Administración no ha profundizado en esta
información que es básica para el desarrollo de las empresas
de ES, aunque en la actualidad, tal vez por la pujanza que
estas fórmulas participativas han adquirido, se intenta llevar
a cabo un sistema que propicie un entramado de cooperación
y de desarrollo conjunto. Parece que la dejación y abandono
de la que han sido objeto está tocando a su fin. Además, en
todo este tiempo de olvido, las empresas de ES no han parado
en su desarrollo y se han ido articulando con fórmulas cada
vez son más, más competitivas y abarcan numerosos y nuevos
campos, lo que sin duda ha propiciado una consideración diferente
por parte de la Administración, que se ha dado cuenta de la
importancia que suponen estas estructuras asociativas en el
desarrollo económico de la sociedad. En el apartado de conclusiones
y recomendaciones de su Guía de Cooperativas y Sociedades
Laborales de Canarias sugiere la conveniencia, si no la necesidad,
de que el asociacionismo empresarial, especialmente entre
las sociedades de trabajo asociado, deje de ser una "realidad
marginal".
¿Qué valoración le merecen los esfuerzos que, actualmente,
y a tal fin, se vienen generando desde el propio sector?
Son fundamentales y me alegro mucho de que por fin se estén
asociaciando y reivindiquen su lugar en la estructura empresarial
de las Islas, porque es muy valiosa la aportación que realizan.
El asociacionismo es la clave en estas formulaciones participativas,
precisamente porque se basan en el capital humano como valor
determinante más que en sus recursos financieros, por lo que
se torna indispensable en su vertebración y porque esas relaciones
de colaboración originan sinergia y se crea una cultura empresarial
que favorece a todas y permite que se produzcan los avances
deseados. Cada vez están estas iniciativas empresariales demuestran
su capacidad competitiva en un mercado francamente duro y
sostienen perspectivas de desarrollo muy interesantes.
En los últimos años, las dos universidades canarias han emprendido
diversas estrategias encaminadas a dar respuestas a algunas
de las carencias estructurales de las empresas de las Islas.
Sin embargo, son escasas y carentes de visión prospectiva
las acciones investigativas que se han efectuado para evaluar
y/o encauzar el potencial de desarrollo de las entidades de
ES.
¿A qué causas cree que es debido el desconocimiento o
desinterés, en esas instituciones académicas, por las sociedades
de trabajo asociado?
Por parte de las universidades no existe desinterés, si bien
tenemos que reconocer que tampoco nos preocupamos por difundir
el potencial que tienen las empresas de ES como alternativa
profesional para nuestros alumnos. Ese es un elemento básico
que deberá irse solventando de manera rápida, porque es una
fórmula muy interesante de acceder al mercado laboral. En
la universidad se desarrollan muchas vocaciones empresariales
de diversos emprendedores y existe un debate constante sobre
las potencialidades que en cualquier ámbito puedan detectarse,
por lo que entiendo que las iniciativas de economía social
y la universidad deben tener un grado de colaboración básico.
La universidad debe servir de apoyo para calibrar las oportunidades
a través de la recepción de ideas, proyectos, formación...,
aunque no hay que perder de vista que la iniciativa corresponde
por entero a los emprendedores. Desde la conclusión de su
estudio, simultáneamente con su labor de docente y de asesor
de diversas organizaciones, no ha dejado de producir investigaciones
aplicadas y relacionadas con la estructura socioeconómica
de Canarias.
¿Cabe esperar un próximo reencuentro, por su parte, con
el sector de las empresas de trabajo asociado del Archipiélago?
Nunca he abandonado el interés por las empresas de ES y he
seguido muy de cerca el desarrollo que han tenido. Básicamente,
me ha preocupado la investigación de ese acontecer en su plasmación
local, sobre todo las fórmulas de tutelaje que algunas de
las empresas de ES llevaban al principio, intentando ligarlas
con las que están más directamente relacionadas en la actualidad
con el entorno en donde se ubican las mismas. Es muy interesante
seguir investigando cuál es la fórmula a través de la que
las obras sociales de las Cajas de Ahorro podrían dar respuesta
a las necesidades de financiación y tutelaje de estas realidades
empresariales de ES. Entiendo que para las propias Cajas es
muy conveniente captar esta clientela que ya tiene y va a
tener aún más un desarrollo potencial y que demuestran unas
perspectivas de futuro prometedoras.